Flores
e insectos solares
representan una bisagra
entre el pasado antártico
con sus fósiles y el futuro
donde el hombre con su
capacidad tecnológica puede
incidir positivamente en la
biodiversidad del planeta.
Hace 40 millones de años la
Antártida era un continente
cálido habiendo sido el
hábitat de muchas especies
animales y vegetales.
Un drástico enfriamiento
sobrevino lo cual significó
la acumulación de agua
congelada en su superficie a
temperaturas tan bajas qué
motivó la extinción en masa
de la mayoría de las
especies continentales. El
sol es lo único que ha
permanecido prácticamente
inmutable y conecta ese
pasado de hace millones de
años con el presente donde
la raza humana ha comenzado
a develar el misterio de la
vida y podría significar la
recreación de especies hoy
extintas o la creación de
otras nuevas.
Los
seres solares en el
entorno antártico
mostraron sus
cualidades de poder
funcionar con la
energía solar la
cual es sumamente
radiante en esas
latitudes donde la
capa atmosférica es
más tenue.
Para
la realización del
proyecto se contó
con la colaboración
de la Dirección
Nacional del
Antártico (DNA).